PATRIMONIO NATURAL
Romeros ante la Virgen de piedra: A Franqueira

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Los robles corpulentos y los pinos altos; el muérdago de pequeñas veredas y las hierbas olorosas que en la noche de San Juan se buscan para lavar la cara de aquellos que todavía creen en la costumbre celta de conseguir el éxito y la buena fortuna

Las piedras que se balancean en el santuario de la Barca y las rocas con leyendas antiquísimas y figuras de toro que al lado del mar hablan de cultos milenarios, las tradiciones creadas alrededor de un río manso como el Tea o de un mar fogoso como el de La Lanzada; las romerías donde se oyen los aletazos de una superstición; los lagartos y comadrejas que van a San Andrés de Teixido poseídos por las almas de quienes no visitaron el santuario en vida, la carcajada de luna otoñal que hace muecas desde los cielos y extiende el misterio de lo divino y de lo humano por las “corredoiras”, por lo bosques donde dicen que las almas en pena ríen con algarabía, por los valles silenciosos,... todo en Galicia  es culto naturalista, hechura quizás del genio poeta que vive en cada uno de los gallegos, recuerdo de creencias tan antiguas que la historia deja oscurecidos.

La fe católica, metida muy adentro del espíritu del pueblo tiene una pátina ancestral que por eso mismo la hace más sacra.

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Esa fe es recubierta por romeros de santuarios con la policromía de esa huella tan matizada, tan brillante, tan humilde como cantaba Rosalía de Castro... Campanas de Bastavales, cando vos oio tocar mórrome de soidades
.
Es tan fuerte la llamada de lo religioso que se mezcla en la naturaleza del gallego; que esa fuerza perenne de la religión tiene la misma vida de los aparecidos, de los que vuelven al mundo por amor a los deudores o para atormentar con sones de queja o para maltratarlos ya que olvidaron unas ofertas en bien de las almas del purgatorio.

Los santuarios de Galicia están llenos de romeros jóvenes y de viejecitos menudos, de tullidos y de ciegos, de niños en brazos que observan con asombro tanto trasiego de gente y tanto bullicio en torno a una sola cosa: una sencilla virgen de piedra. Como esos niños en brazos de sus madres también la Virgen de la Franqueira lleva en brazos un niño menudo con cara expectante. Esa imagen milagrosa con culto desde el siglo VI hace de La Franqueira  una de las romerías más antiguas de Galicia.
El santuario está en la cumbre del monte Paradanta que otea los abismos, los caminos cubiertos de helechos, el paisaje maravilloso de Portugal y las brumas del Miño. Es de sencilla arquitectura, románico como la santa. Que sale en procesión a recibir cada primavera a cada patrona de las parroquias colindantes. Hacen reverencias simbólicas de saludo de bienvenida a su santuario tal cual hermandades medievales. También reverencias de cruces procesionales que portan aguerridos mujeres y hombres orgullosos de volver un año más a pie a visitar a la Madre de las santas de la zona del Condado.

Canta la copla popular  compuesta por Ramón Cabanillas:

A Virxe de Lurdes
ven do Balneario,
e leva nas manciñas
o santo rosario.

A Virxe de Lurdes,
vai para a Franqueira,
visitar a santa
Virxe compañeira.

Es hacia el siglo XII cuando los monjes blancos venidos desde la abadía de Císter en Francia los que acogen el primer testigo de levantar este santuario insólito por su lugar y peculiar por su derroche de fe.

Generaciones de romeros y familias enteras vienen desde esos años a pedir a la virgen de piedra: salud, felicidad y amor en una tierra tan acogedora como es la gallega.
La Virgen de la Franqueira tanto en primavera en su romería de las Pascuillas (Lunes de Pentecostés) como el 8 de Septiembre es llevada en procesión en un carro de labranza, con un manto bordado sobre su manto pétreo, enseñoreada ante los dos bueyes rubios que tiran de la carreta. Parejas de chiquillos vestidos de colores vivos, con las cabezas cubiertas de cintas y cascabeles bailan danzas antiguas, acaso celtas ante la imagen que preside esa ofrenda mezcla de lo profano y lo divino en un culto singular. Durante todo el día hay misas para agradecer , pedir o suplicar, estandartes, curas revestidos y al final una lucha de moros y cristianos.

Una vez recorrido el perímetro de la iglesia matriz comienzan a sonar de nuevo las gaitas que acompañaron a los romeros en su subida al santuario. Acabó la fiesta sagrada y empieza la romería profana. Comienza el rodar del vino tinto, la tapa del pulpo, la empanada de zamburiña o de carne, las deliciosas rosquillas de Ponteareas, el yantar en la fronda del bosque o en carpas habilitadas al efecto. El cuerpo necesita su reposo y el ayuno mañanero deja paso a la recreación de las viandas gallegas mientras se comenta las incidencias de la jornada.

Cuando el día declina vuelven los romeros a sus parroquias, con sus cruces, con sus santos rodeados de flores, con el alegre sonido de las panderetas en día de fiesta. Van alegres y descuidados, seguros de haber cumplido con la Virgen. Todo comienza palidecer, si por la mañana era el rocío, por la tarde lo hace la suave bruma de los valles, los reflejos se apagan, se funde el paisaje en una armonía densa y profunda. Los romeros que han sabido compendiar en un solo día una historia milenaria, siendo religiosos como celtas, humanos como los latinos, piadosos como los hombres de la Reconquista, se alejan a sus casas por las sendas bordadas de madreselva y laurel.

Las mozas solteras regresan cantando aquello de :

Virxen da Franqueira,
o ano que ven
non virei solteira.
Queiras ou non queiras,
Virxe soberana,
para o ano que ven
hei de vir casada.

Con la risa maliciosa de quien se sabe mirada por el guapo muchacho que la puede acompañar como marido el año próximo en la nueva vista.

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    El cántico de los peregrinos suena siempre por encima de la gaita y del tamboril, dominándolo todo. Un momento más y la luna toda de plata refulgente, se eleva en el cielo místicamente rodeada de estrellas, astros donde se refugian, según cuentan los romeros, las almas de aquellos que vinieron a la Franqueira.
DESPIECE
* El santuario de la Franqueira se encuentra situado a 18 kilómetros del Balneario de Mondariz. Se puede acceder con coche o a pie según itinerario marcado por veredas y montes. Es visita obligada en el itinerario visitar la iglesia de Mouriscados, la falda del monte donde está situado el Castelo do Sobroso y la capilla de San Pedro donde cuentan las crónicas se casó el rey portugués Don Dinís con Isabel, la “Rainha Santa.

SUMARIOS
Su culto desde el siglo VI hace de La Franqueira  una de las romerías más antiguas de Galicia.
Los romeros que han sabido compendiar en un solo día una historia milenaria.

Redactado por Pilar Troncoso y Fernando Souza
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