PATRIMONIO NATURAL

El Valle del Tea

Un espacio natural a la vanguardia en la protección del medio ambiente en Galicia

Allá por el lejano 1872 se descubría el manantial de Gándara en la cuenca del río Tea, hallazgo que marcaría para siempre la historia del hoy Mondariz-Balneario. 

En aquel final del XIX, el paisaje aparecía muy diferente al que, con los años, ha llegado hasta nosotros. Una vuelta atrás en el tiempo hacia el paisaje de las Rías Baixas, nos mostraría un medio natural mucho más antropizado y, paradójicamente, considerablemente mejor conservado a nivel ecológico y paisajístico. El paisaje se representaría como un gran mosaico, con gran intervención humana, motivada por la estrecha relación de dependencia que el hombre se veía obligado a establecer con los recursos naturales que lo rodeaban. 

En este contexto, el paisaje vendría caracterizado por la presencia de numerosos y pequeños núcleos habitados, rodeados de los cultivos necesarios para una economía de subsistencia, con importantes extensiones de plantaciones de cereales, hoy muy mermadas. Otro elemento lo formarían los abundantes pastos y matorrales, y ya como fondo, al fin, el bosque. 

Pero este bosque dista mucho del que observamos hoy en día. El bosque antiguo de las Rías Baixas nos mostraría la ausencia total del eucalipto, la presencia de bosquetes de pino (Pinus pinaster), junto a extensas y predominantes masas de roble (Quercus robur y Quercus pyrenaica), apareciendo a menudo entremezcladas estas especies. 

Estas grandes carballeiras de las Rías Baixas -al modo de las que perviven hoy en las montañas orientales de Galicia-, ya prácticamente desaparecidas, aparecerían con más fuerza en las umbrías y en las vaguadas de los montes, y en general en las zonas más inaccesibles. Los robles llegarían incluso al pie de algunas playas; incluso poseemos citas de algun roble centenario a 10 metros del agua, que quizá perviva hoy en día. En las vaguadas los pequeños regatos, que bajaban al mar su aporte de agua dulce, generaban a menudo una zona húmeda, de gran belleza –hoy también eliminadas en su mayor parte-, continuadas por el característico bosquete de alisos, fresnos y sauces, acompañando al cauce; apareciendo por último los robles a modo de cinturón de ese corredor húmedo de caducifolias.

Este bosque, -es conveniente resaltarlo, pues los más jóvenes ya no poseen memoria histórica sobre su paisaje - nada tiene que ver con las explotaciones forestales de especies de crecimiento rápido de hoy en día. La irrupción en los años 60 de las industrias de fabricación de pasta de papel introdujo un cambio profundo en la configuración del paisaje, con la introducción masiva del eucalipto como especie de crecimiento rápido, imprescindible para este nuevo uso del bosque. Esta nueva orientación del territorio se llevó a cabo sin ninguna medida que estableciese limitaciones para la protección y salvaguarda de los valores ecológicos y paisajísticos del territorio, y terminó por desencadenar la práctica desaparición del bosque gallego por excelencia, introduciéndonos en un nuevo paisaje, más deshumanizado y más industrializado, orientado casi en exclusiva hacia esta especie.

De esta forma, la flora autóctona del área de Vigo fue desplazada de su área natural de distribución, sustituyéndose esta vegetación secular por especies, supuestamente, de mayor valor económico. El resultado ha sido la práctica eliminación de los bosques de roble y otras caducifolias que crecían en esta área atlántica. 

El roble, que antaño llegaba a besar el mar, quedó así reducido a ejemplares aislados y pequeños rodales. Pero dentro de este contexto de mutación paisajística, a mi entender desafortunado por su carencia de planificación, no todos los antiguos bosques de roble de las Rías Baixas sucumbieron. Algún paraje recóndito, oculto en la profundidad de los valles más abruptos, sobrevivió a esta debacle. Y así han pervivido, de forma residual, algunos bosques autóctonos de extensión considerable y ahora excepcional valor, como las Carballeiras de Barragán, o los bosques de caducifolias del curso alto del río Tea, en el entorno de Mondariz-Balneario.

Las Carballeiras de Barragán, situadas en los municipios de Fornelos de Montes y Pazos de Borbén, a tan sólo 8 kms. de Mondariz-Balneario, poseen una extensión aproximada de 350 hectáreas, de las cuáles 300 corresponden a especies caducifolias, fundamentalmente roble, y el resto a bosque mixto de caducifolias y otras especies. Se extienden a lo largo de la cuenca del río Barragán, en el fondo del valle, valle que alcanza una longitud de 8 kms., entre las aldeas de Freaza, Traspielas, Xunqueiras y Moscoso. 

Las carballeiras han sobrevivido al eucalipto, a pesar de que esta especie la arrincona casi por sus cuatro costados; y han dado además un magnífico ejemplo de su resistencia natural al fuego. A pesar de los múltiples frentes que las han asediado sistemáticamente en los últimos años, iniciados en los eucaliptales y matorrales contiguos, hemos comprobado cómo los efectos de los incendios han sido mínimos en el conjunto del bosque, y no han conseguido rebasar, en general, la primera línea del bosque autóctono, algo que nos debería hacer reflexionar después del desastre que hemos padecido durante el pasado verano.

El valle, además de su enorme belleza paisajística, posee una gran riqueza etnográfica, con innumerables aprovechamientos molineros, antiguos pasos de agua, y otros elementos etnográficos de gran valor. Destaca especialmente el espectacular Monde da Cidade, complejo castrexo por un lado, y misteriosa aldea abandonada en la umbría del bosque, por otro, y cuya datación (s. XVIII) revela el acueducto que allí permanece y que abastecía a los cultivos en terraza que allí existen. El conjunto, de gran valor, está ahora a punto de ser recuperado por los vecinos del lugar con fondos de la ADR de la Mancomunidad de Vigo y el asesoramiento de la Universidad de Vigo. Su ubicación en la entrada del bosque, le confiere un valor añadido difícil de encontrar en otros parajes.

A sus valores patrimoniales, ecológicos y paisajísticos, se añade el suave perfil del valle, que garantiza, en contraposición a lo que suele suceder en otros espacios, el éxito de las actividades lúdicas y turísticas que allí se puedan planificar en el futuro –visitas guiadas, senderismo, rutas a caballo y en bicicleta-, por carecer de pendientes considerables en su curso. El altísimo valor de Barragán se ve acrecentado por su proximidad a la ciudad de Vigo, que en el momento en que se proceda a su protección y puesta en valor, dispondrá de un espacio protegido de calidad  a una escasa distancia de la urbe. 

Este tesoro ambiental que conforman las Carballeiras de Barragán carece de protección alguna a nivel jurídico, no figurando incluidas, lamentablemente, en la Red Gallega de Espacios Naturales protegidos. La declaración como espacio natural, unido a una correcta política de puesta en valor del paraje, mediante el diseño de un plan de usos a nivel turístico y ambiental, convertiría a Barragán en un auténtico motor de desarrollo de su entorno rural, que podría recibir, calculamos, unas visitas muy superiores a 100.000 personas al año. Se conformaría así un producto turístico de excelencia, complementario a la oferta termal, generando en su entorno una economía rural diversificada en torno a estas nuevas actividades y atractivos. Ahí queda el reto para Mondariz-Balneario y para las instituciones públicas competentes. Y para la población local, que debería ser la primera interesada.

De considerable valor ambiental, y gran potencialidad turística, es también el LIC (Lugar de importancia comunitaria) Río Tea, espacio natural incluido en la Red Natura 2000 por la Xunta de Galicia, con una extensión de 357 Ha.. El espacio se extiende a lo largo del valle en el que se asienta Mondariz-Balneario, y posee, fundamentalmente en su curso más alto, parajes espectaculares no sólo por el bosque autóctono que allí persiste, sino por las fervenzas que caracterizan a ese tramo rápido del río.

Destacan entre sus valores ecológicos la presencia de bosques aluviales de aliso (Alnus glutinosa) y fresno (Fraxinus excelsior), carballeiras de Quercus robur y Quercus pyrenaica, y especies faunísticas como la nutria (Lutra lutra), desmán de los pirineos (Galemys pyrenaicus), mirlo acuático (Cinclus cinclus), diversas especies de libélulas o la salamandra rabilarga (Chioglossa lusitanica), especie endémica propia del NO. ibérico. 

Barragán y alto Tea son las últimas fragas atlánticas de aquellas que, antaño, conformaron un paisaje secular. Son auténticos diamantes en bruto, al pie de un gigante del termalismo. Mondariz representa la excelencia turística, y estos espacios naturales, situados a sus pies, deben convertirse en la excelencia de la ordenación del territorio y el medio ambiente. Parajes que, con una buena organización, se convertirían en productos turísticos de calidad, contribuyendo eficazmente a desestacionalizar la oferta turística de las Rías Baixas; parajes que constituirían un referente sin igual a nivel educativo, permitiendo  a los niños aprender y entender cuál era el paisaje primigenio; a nivel social, auténticos espacios naturales metropolitanos, que generarían calidad de vida; y que permitirían el ensayo de un modelo de desarrollo rural verdaderamente sostenible, transferible a otras comarcas de la fachada atlántica de Galicia.

No debemos cesar en el empeño de recuperar, al menos parcialmente, el paisaje que primitivamente aparecía en las Rías Baixas. La puesta en valor de las Carballeiras de Barragán, y el alto Tea, constituye una magnífica oportunidad –probablemente la última- para preservar la memoria histórica de nuestro territorio, recuperando un paisaje perdido, del que todos nos sentiremos orgullosos si conseguimos transmitirlo hacia nuevas generaciones.

El Balneario de Mondariz, enclave vanguardista en lo cultural desde hace más de un siglo, cuna del galleguismo, defensor de la identidad de Galicia y de sus tradiciones y valores culturales y etnográficos, debe ayudar hoy al cumplimiento de tan loable misión. Y al igual que el arquitecto A. Palacios llegó a ser calificado en sus tiempos de visionario por su imaginación, brillantez y atrevimiento, hoy tenemos que ser capaces de plantearnos nuevos grandes retos en lo ambiental, retos que marquen un hito y estén a la altura de aquellos que el afamado arquitecto, los hermanos Peinador y otros relevantes personajes históricos de Mondariz plantearon en su día y llevaron a la villa termal a su grandeza actual.

Norman Fernández


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