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Proyectos de los hermanos Peinador
Proyectos de los hermanos Peinador para un establecimiento modelo: el balneario de Mondariz a finales del siglo XIX

“Enrique Peinador [...] ve la prosperidad de una región; ve a los extranjeros afluyendo a Galicia, descubriendo sus bellezas, trayendo aquí progresos y bienes; ve la superioridad de España sobre Francia en cuanto estas fuentes se dejen atrás a las de Vichy, y ve el bienestar de la mejoría difundida entre los miles de personas que pagan anual tributo a las náyades de Troncoso y de la Gándara”

EMILIA PARDO BAZÁN


En el último cuarto del siglo XIX, los hermanos Peinador han consolidado las bases del balneario y se disponen a emprender proyectos de mayor envergadura, destinados a convertirlo en un gran centro modélico de ocio y salud, y una de las empresas turísticas más importantes del país. Una de las prioridades de esta nueva etapa es la creación y divulgación de una imagen del establecimiento que exprese lujo y modernidad. A este fin responden la ampliación y mejora de los servicios e instalaciones con la construcción del Gran Hotel, inaugurado en 1898, e iniciativas como la adquisición de la finca de Pías, que acogía varias actividades productivas, lúdicas y culturales, entre ellas el museo etnográfico-arqueológico. Pero, quizá el proyecto más ambicioso y que de llevarse a cabo en su totalidad hubiese tenido mayor repercusión estructural, fue la formación de la sociedad para la construcción del tranvía eléctrico Mondariz-Vigo, que uniría el establecimiento con una de las ciudades más grandes de Galicia. Otro proyecto concebido en este período, e igualmente frustrado, es el sanatorio para artríticos frecuentemente mencionado en las publicaciones del balneario como uno de los objetivos prioritarios de Enrique Peinador:

“En la última etapa o jornada de su vida gloriosa, digna ciertamente de eterna loa, dos pensamientos hacían presa en su alta mentalidad; dos sentimientos caldeaban su corazón; era uno de aquellos el dar cima a la empresa titánica, de fundar un Sanatorio, a más del constituido por el Establecimiento hidroterápico sin rival en España, y acaso en el mundo, que fuese como un complemento, una prolongación de la Universidad Compostelana, una clínica médico-quirúrgica, en la cual, eminencias españolas y extranjeras especializadas en las diversas ramas de aquellas disciplinas científicas, ofreciesen sus sabias enseñanzas de índole eminentemente prácticas y sus sazonados frutos a los alumnos y a los pacientes que de unas y otros tuviesen menester” (M. LEZÓN: “Después del Homenaje”. La Temporada, 1919, nº 17)

Esta ambiciosa obra incluía, además, una escuela de terapéutica física y el Museo de Historia Natural de Galicia. Las obras se inician en 1909, cuando el establecimiento está ya bajo la dirección de Enrique Peinador hijo, pero nunca llegarán a culminarse y, en 1929, los propietarios del establecimiento donan el edificio al Estado para dedicarlo a Instituto de Hidroterapia, Colegio Mayor o Residencia de médicos y estudiantes, para ampliar estudios e instalar museos y laboratorios.
Estos proyectos reflejan el deseo de expansión del establecimiento, cuya frenética actividad en estos años lo convierte, según el Álbum-Guía del establecimiento, publicado en 1899, en “el único que tiene carácter internacional entre los españoles” y un modelo para todos los balnearios españoles, como señala la Gaceta Balneológica en 1900: “El establecimiento de Aguas minerales de Mondariz, honra de España, enseña a los rezagados, en la noble tarea de levantar sus industrias balnearias al nivel que corresponde a la virtud de sus aguas, cual es el camino de merecer y alcanzar el favor del público”.
En la última década del XIX también empieza a vislumbrarse uno de los principales rasgos diferenciadores del balneario de Mondariz, su capacidad para transformar el modesto lugar de Troncoso en una villa de aspecto moderno y dinámico. La urbanización y ajardinamiento de la zona, así como la construcción de edificios diferenciados de su entorno, provoca una admiración que pronto se convierte en uno de los lugares comunes de las crónicas de los viajeros que conocen la historia del balneario: “Troncoso, olvidada aldea de miserables viviendas veinte años hace, convertida hoy por arte mágica en un pueblo, con edificaciones modernas, alegre y bonito, y con más humos ó si se quiere, gases, que la capital de su Ayuntamiento” (CUIÑAS, PIO L. “Mondariz (nota de un viaje corto)”. Galicia Moderna. Revista quincenal ilustrada. 1897, año I, nº 11). Consciente de ser un centro dinamizador de su entorno, fomenta su imagen de núcleo diferenciado, irradiador de civilización, que se expande y toma entidad. La frase “Heri, solitudo; hodie vicus; cras, civitas” (“Ayer soledad, hoy pueblo, mañana ciudad”), leyenda de los colonizadores romanos citada por primera vez en el Album-Guía de Mondariz, publicado en 1899, se utilizará en adelante a modo de lema. Sin embargo, las consecuencias de esta voluntad de desarrollo, que trasciende a la de un establecimiento de baños, no se manifiestan plenamente hasta la segunda década de siglo.

El proyecto que inicia esta nueva etapa del balneario y el de mayor impacto es, sin duda, la construcción del Gran Hotel, edificio emblemático de toda estación termal, cuyas instalaciones y servicios de lujo lo convertían, según Emilia Pardo Bazán, en “el más suntuoso de la Península”. Si en la primera temporada oficial el balneario recibe a 52 agüistas, a partir de la década de los ochenta son más de 1000 las personas que acuden anualmente a tomar las aguas a Mondariz. El creciente número de agüistas y el prestigio alcanzado por las aguas crea la necesidad de un nuevo edificio que supere la sencillez y el carácter un tanto provisional que caracterizaba a las primeras construcciones del balneario. Este edificio tendría un doble cometido: albergar con comodidad al creciente número de agüistas, y servir de imagen al establecimiento, cuya fama a finales de siglo ya igualaba a la que tenían sus aguas embotelladas.
El autor del Gran Hotel, el maestro de obras Jenaro de la Fuente Domínguez, había asentado su popularidad entre la burguesía viguesa con la realización de algunos de los principales edificios de la ciudad: las casas para Manuel Bárcena Franco, posteriormente Caja de Ahorros de Vigo, situada en la calle Policarpo Sanz y esquina a Velázquez Moreno, las casas de Pedro Román, en la actualidad biblioteca municipal, o la casa de Ledo, en la Puerta del Sol, entre otras de menor importancia. En 1893 se pone la primera piedra del Gran Hotel y se inaugura en 1898. Como la mayoría de los establecimientos balnearios y de los grandes hoteles europeos finiseculares, el Gran Hotel de Mondariz adopta el estilo ecléctico afrancesado, de moda desde mediados del siglo XIX, cuando el París del Segundo Imperio, bajo el gobierno de Napoleón III, se convierte en el paradigma internacional de ciudad moderna y cosmopolita, con edificios como la Ópera de Charles Garnier, la nueva ala del Louvre de Visconti y Lefuel, o el Gran Hotel de Armand, Rouhault de Fleury y Pellechet, el más importante de la ciudad y al que las publicaciones del balneario citan como una sus principales referencias.
El Gran Hotel se convierte en el emblema del balneario, la imagen principal que difunden sus publicaciones y su mayor reclamo. La construcción del nuevo edificio tiene la intención de insertar al balneario de Mondariz en la moda de los grandes balnearios europeos, con todas las exigencias de higiene, confort y lujo que ello implicaba. El semanario del establecimiento, La Temporada, anuncia la continua adquisición de las mejores técnicas e instalaciones balnearias y, en general, del más moderno equipamiento en todo el edificio, tarea que se facilita y abarata cuando Enrique Peinador abre en Madrid el gran almacén “Higiene Moderna”. Las publicaciones del balneario garantizan la observancia más estricta de las normas del Higienismo, detallando hasta el adecuado tamaño de las ventanas y las horas de sol, e insistiendo en que los huéspedes accedan a los espacios que deseen para comprobarlo, por ejemplo a las cocinas. Pero, fundamentalmente, son los extraordinarios servicios del balneario, urbanos y modernos, lo que lo diferencia de la mayoría de los establecimientos balnearios gallegos y españoles. El lujo de sus instalaciones respondía a “lo excesivo” que advirtió Emilia Pardo Bazán:

“Peinador ha gastado pródigamente, al erigir el soberbio hotel, en muchas cosas que son puro lujo y poesía, y que tienen algo de lo excesivo que Bourget nota en la civilización de los Estados Unidos: a este orden de gastos de imaginación corresponde la artística escalera del hotel, un modelo de suma elegancia, dibujado ad hoc; la ya construida serre de orquídeas, que el vapor del agua tibia se encargará de desarrollar; el espléndido  decorado de comedor, las bellas terrazas, el salón con su teatro, la ornamentación del capilla, la riqueza del mobiliario, la claridad y elevación de las estancias y los cuartos de baño, el primor de ciertos servicios que nada cuestan al huésped y le causan ilusión de residir en un palacio princier, y otros refinamientos que no sé si en España podrán encontrarse”

La Temporada informaba de que todas las habitaciones estaban iluminadas de noche eléctricamente “mediante dinamos y aparatos instalados en un anejo del edificio”. Este es un dato importante, ya que el alumbrado eléctrico era todavía un lujo, en Vigo, por ejemplo, se había instalado sólo dos años antes. También desde su inauguración contaban con Servicio Telegráfico:

“El Establecimiento del Balneario, que como saben nuestros lectores es uno de los más importantes del mundo, no sólo por su grandiosidad, por el lujo y las comodidades que encierra y por la bondad de sus aguas, sino también por su distinguida concurrencia en la que siempre figuran personas importantes en la política, en el comercio y en la banca lo mismo de España que del Extranjero, se encuentra este año dotado de un servicio muy útil para que los hombres de negocios y de la política puedan estar al corriente a cada momento del curso de sus asuntos de interés. Los Señores Peinador, que no omiten gastos ni sacrificios para el bienestar de los agüistas, se han impuesto el de un servicio telegráfico encomendado a la acreditada Agencia Fabra, que comunica continuamente las noticias más transcendentales de la guerra, de la política y de los cambios. Todos los días se colocan en el Salón de Fiestas los telegramas que van llegando...”

La complejización y sofisticación de las funciones y servicios del establecimiento, tendrán un claro efecto sobre la arquitectura. En la primera etapa del balneario, tratamiento, alojamiento y ocio se reunían en una sencilla fonda, ampliada en varias ocasiones, a la que a finales de los ochenta se unen los chalets del bosque, y un pabellón de recreo en el parque. El Gran Hotel, contundente y necesaria respuesta a la demanda de ocio adecuada al nuevo estatus del establecimiento, no sólo reúne estas funciones en un mismo edificio, concebido especialmente para ello, sino que su construcción supone una importante organización, ampliación y mejora de los servicios que afecta a todo el espacio balneario y que será una de las principales razones de la gran popularidad del establecimiento en el cambio de siglo.

Yolanda Pérez Sánchez

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