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13-02-2014
Balneario de Mondariz vive San Valentín recordando sus historias de amor históricas

 

El romance de la Marquesa de Llanzol y Serrano Súñer, que recrea la novela “Lo que escondían sus ojos” de Nieves Herrero, los amoríos juveniles de Isabel de Borbón “La Chata”, el amor epistolar de Emilia Pardo Bazán y Pérez Galdós, así como el flechazo entre Carmen Primo de Rivera y Rockefeller III en la villa termal, centran una jornada muy especial.

 

El romance de la Marquesa de Llanzol y Serrano Súñer, que recrea la novela “Lo que escondían sus ojos” de Nieves Herrero, los amoríos juveniles de Isabel de Borbón “La Chata”, el amor epistolar de Emilia Pardo Bazán y Pérez Galdós, así como el flechazo entre Carmen Primo de Rivera y Rockefeller III en la Villa Termal, centran una jornada muy especial en el Balneario de Mondariz. Una cita, que año tras año en el mes de febrero, reúne en este espacio gallego singular a numerosos entusiasta de la historia y del amor.

Muchos saben que Mondariz enamora y ha enamorado a numerosos personajes a lo largo de tres siglos, pero pocos conocen las historias de amor apasionadas que ha generado en este tiempo uno de los balnearios más antiguos de Europa. La Villa Termal cuenta entre las páginas de su historia la boda del rey Don Dinis e Isabel de Portugal en la capilla del Bosque. Era el verano de 1282 en el paraje de Troncoso, donde hoy se ubica la Fuente de Gándara, Dionisio I de Portugal e Isabel de Aragón, hija del rey Pedro III se desposaban después de un rápido noviazgo apalabrado por ambos reinos. Entre las hipótesis que se barajan de la elección del lugar se dice que la infanta padecía un trastorno de salud y que era una devota del poder de estas aguas gallegas, pero también que en estos parajes se conocieron y, a pesar del contrato pre-matrimonial existente, se enamoraron como dos chiquillos. Troncoso por aquel entonces era un burgo que se había construido sobre las ruinas de la “Villa Búrbida”, utilizada por los romanos para purificar sus cuerpos; posteriormente y gracias al potencia de sus acuíferos de aguas termales, se convertiría en la villa que ha llegado hasta nuestros días.

Nace con esta historia la leyenda de lugar mágico sustentado en el poder de los diferentes manantiales que recorren todo el municipio de Mondariz Balneario.

“La Chata” y sus problemas matrimoniales.

 La hija de Isabel II, la Infanta Isabel de Borbón “La Chata” fue otra de los nombres que sucumbió a los encantos del establecimiento balneario viviendo en él un romance que trascendió de los rumores del pueblo a varios escritos de la época. La Chata, que por problemas matrimoniales, cuentan que era una mujer sentimentalmente desgraciada y afligida y en completo desconsuelo tras una amargada vida en común con el Conde Girgenti al que se conocía su condición homosexual, conoció en su visita del año 1914 a un muy muy joven lugareño al que durante su estancia dedicó todo el tiempo del ocio que pudo. Fue todo un regalo para su madurez, y una vez más, el entorno de Mondariz hizo de las suyas para acoger a los amantes.

Emilia Pardo Bazán y Pérez Galdós.

Otro de los personajes que ha marcado esta larga “historia de amor” es sin lugar a dudas Emilia Pardo Bazán que vivió entre las paredes del balneario, en su paseo hacia la Fuente de Troncoso y en la Finca de Pías, hoy campo de golf, un largo romance hasta su muerte con Benito Pérez Galdós. Una relación que acaba de ver publicadas las cartas de amor que la sustentaron en las largas vacaciones de verano de la periodista gallega. Aquí la Pardo Bazán escribió, lloró por la lejanía de su compañero, se alegró de las rápidas visitas, pero también cocinó para Benito, o como ella lo denominaba “miquiño mío”, en la gran cocina del Gran Hotel, disfrutó de su pasión por los jardines y se bañó en el Tea a la luz de la luna con el que consideró el hombre de su vida.


Rockefeller III y Carmen Primo de Rivera.

Pero si hablamos de flechazos, de un verdadero drama sentimental que marcó el día a día del Balneario de Mondariz, es sin lugar a dudas el vivido por el hombre más rico del mundo, como denominaban a John Rockefeller III, que en agosto de 1929 visitó el establecimiento termal para encontrarse con Miguel Primo de Ribera programado dentro de en viaje de estudios por toda Europa. Allí no solo conoció a personajes, que como anotó en su diario personal fueron todo un descubrimiento para su formación, sino que quedó prendado de una joven de ojos azules con la que descubrió el primer amor, la pasión más inocente, pero también la que marcaría toda su vida. Ella era nada más y nada menos que la hija de Primo de Rivera, Marques de Estela, y hermana de Pilar y José Antonio Primo de Ribera. Carmen no solo acompaño en esta visita al magnate norteamericano sino que ejerció una influencia tal en el recién graduado que dedicó en sus memorias numerosas páginas sobre sus sensaciones sobre ella. Un noviazgo que ni siquiera se llegó a consolidar, por diferencias sociales, pero que podría haber significado un cambio importante en la historia de España al unirse una familia tan conservadora como la española a la saga más emprendedora y famosa de Estados Unidos. Posiblemente si esta historia de amor hubiese llegado a buen puerto, la Sección Femenina o la Falange hubiesen nacido con otros condicionantes o simplemente no habían tenido razón de ser.


Serrano Súñez y la Marquesa de Llanzol.

Nieves Herrero centra su última novela “Lo que escondía sus ojos” en el Balneario de Mondariz al relatar la historia del gran amor prohibido del Franquismo: una ficción histórica sobre la pasión oculta entre Sonsoles de Icaza, esposa del marqués de Llanzol y musa del modisto Balenciaga, y Ramón Serrano Súñer, ministro de Asuntos Exteriores y «cuñadísimo» de Franco.

En un país devastado y en un ambiente de falsa neutralidad, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, y los nazis y aliados buscando el apoyo de España y del todopoderoso, la marquesa de Llanzol y Serrano Súñer vivieron una pasión clandestina. Un amor prohibido que dio su fruto con el nacimiento de una niña: Carmen Díez de Rivera, figura de enorme trascendencia durante la Transición. Aunque su padre nunca la reconoció legalmente, el escándalo fue tal que le apartó del gobierno para siempre. “Lo que escondían sus ojos”  encierra el secreto mejor guardado por la alta sociedad española de los años 40 y sus protagonistas vuelven a cobrar vida de forma novelada gracias a Nieves Herrero, que se adentrar en el alma y la ambición de estos dos personas. Para ambientar el romance, Nieves Herrero echó mano de la historia del Balneario de Mondariz que en aquella época era centro de reunión de toda la aristocracia europea, construyendo un verano habitual en la villa termal gallega a la que los protagonistas se acercan a “tomar las aguas” y donde se encuentran con lo más granado de la sociedad del momento.

Balneario de Mondariz no es la primera vez que está presente en novelas españolas. Hace dos años, teresa Viejo incluía a la Villa Termal en su drama “La memoria del agua” reconociendo el valor de Mondariz en la Belle Epoque europea. En aquella ocasión, la periodista y escritora contaba la historia de un pequeño balneario del sur español, La Isabella, y hacía referencia a lo largo de toda la trama a Mondariz como lugar de peregrinación europea alrededor del termalismo, dejando datos como que en los jardines de este balneario de jugó el primer torneo de tenis mixto en España.

¿Pero que sucedía por aquel entonces en Mondariz para ser un espacio tan especial y reunir entre sus habituales personajes tan ilustres?

Los hermanos Peinador habían concebido la Villa Termal como un establecimiento de ocio, turismo y salud al estilo europeo. Con la mirada puesta en Bath y Baden Badem configuraron un espacio hecho a conciencia, poniendo todo su cariño en cada uno de sus rincones, apostando por un destino Galicia cuanto todavía en estas tierras no se sabía lo que era la promoción ni el turismo de lujo. Edificios firmados por los mejores arquitectos de la época, una decoración marcada por las tendencias francesas, un equipo humano formado en la etiqueta inglesa, un programa de ocio que incluía representaciones de las compañías de teatro más solicitadas, los cantantes de ópera más famosos e incluso tertulias culturales con los escritores y libre pensadores más respetados. Mondariz, incluso llegó a tener moneda propia, “Los peinador”, periódico y revista, tranvía para desplazar a sus visitantes desde Vigo y todo el lujo de la “Belle Epoque” hecho realidad en la frontera entre Pontevedra y Ourense.

En este ambiente era normal que los clientes del establecimiento termal se enamoraran no solo del entorno natural y social del lugar sino también de sus propios compañeros de veraneo, como si  de un hechizo se tratara.

Sentimientos que han llegado hasta nuestros días porque Mondariz continúa enamorando y ejerciendo de “celestina” entre sus visitantes. Desde la primera gallega elegida Miss España en 1933, Lolita Halconero Rivas, que vivió sus primeros amoríos aquí, porque como ella misma decía “el ambiente chic de la Belle Époque y los visitantes ilustres del Gran Hotel de Mondariz marcaron mi educación, mi carácter y mi estilo” hasta las primeras escapadas románticas de Alejandro Lequio y su actual esposa María Palacios, unos habituales del balneario. Natalia Berbeke que descubrió Mondariz de la mano del torero Miguel Abellán, Carlos Barden y Beatriz Rico,  el actor Alex González y la presentadora televisiva Beatriz Montanegz y, desde luego, Rodolfo Sancho que reconoce fundamental sus escapadas a Mondariz en la relación que mantiene con Xenia Tostado son los últimos que han sucumbido a los encantos de este lugar.

 

-Amalia Gallego-

 

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